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EL CONCEPTO PAISAJE

Históricamente el paisaje ha sido estudiado desde diversas disciplinas y autores basándose en su mayoría en el origen etimológico de la palabra, intentando establecer un vínculo entre su significado y concepto cultural. La relevancia de estos estudios esta en que habría una relación entre las raíces lingüísticas y la localización geográfica, la cual influye en la interpretación, visión y representación del paisaje que varía en cada cultura.

 

Según el geógrafo Joan Nogué se puede entender el paisaje desde una variedad de tipologías, entrando en una discusión que no concluiría fácilmente, principalmente debido a que el paisaje es interiorizado dependiendo de quién lo observe. Es por esto que surgen distintas acepciones sobre el concepto, en donde el paisaje es entendido como: invisible, intangible y efímero, así como también en su defecto, se entiende la visibilidad, tangibilidad y lo perdurable.

 

Para algunos personajes el paisaje es tan solo un medio, un área de estudio e incluso una profesión, es por esto que el intentar establecer una única definición resulta casi imposible. La influencia del significado en los diversos conceptos de la idea paisaje, plantea una discusión que aún se mantiene vigente, lo cual no significa que sean necesariamente contrapuestas sobre la concepción del paisaje actual.

 

Los inicios del término se remontan a escritos de geógrafos o historiadores de finales del XIX, quienes interpretan la interrelación entre el medio natural y el ser humano. El concepto tiene en Europa dos raíces lingüísticas, una germánica que da origen a términos como Landschaft en alemán, landskip en holandés o landscape en inglés; y otra latina que derivan palabras corno paesaggio en italiano, pasage en francés, paisagem en portugués y paisaje en español.

 

Las raíces germánicas hacen referencia por una parte a un área geográfica delimitada por unos límites políticos, con el territorio y la tierra; y por otra con la figura o la forma. En el caso de las raíces latinas encontramos pagus que se traduce como aldea, distrito o cantón, acepción que posteriormente derivaría en paganus, la cual hace referencia al paisano o el aldeano, a las personas del campo.

 

En el siglo XX aparecen nuevas definiciones de paisaje como la del geógrafo Carl Sauer, el cual profundiza en lo que denomina geografía cultural, rama que analiza la evolución del paisaje natural a paisaje cultural, como producto de la acción humana, estudiando la relación cambiante entre hábitat y hábitos, definiendo el paisaje cultural como “el resultado de la acción de un grupo social sobre un paisaje natural. La cultura es el agente, lo natural, el medio; el paisaje cultural el resultado” (1).

 

Los geógrafos de la escuela de Berkeley y Sauer devuelven la idea de paisaje “como una imagen compuesta a un territorio, un lugar concreto, caracterizado por una cultura coherente y estable” (2). Posteriormente hacia los años sesenta, J. B. jackson y Pierce Lewis comenzaron a defender la idea que todos los paisajes son culturales, utilizando solamente la palabra paisaje para hacer referencia a lo que anteriormente Sauer definía como paisajes culturales.

 

 

Alejandro Ciccarelli, Vista de Santiago desde Peñaloten

 

La idea de paisaje como construcción cultural se podría decir que es una interpretación contemporánea, la cual intenta definir el espacio conceptual de la disciplina del paisaje. Esta visión varía de una sociedad a otra y se forma mediante la percepción que una sociedad tiene de ver su propia cultura, tradiciones y creencias, frente a la contemplación de un paisaje. Todos los paisajes incluyen elementos y hechos históricos que revelan el paso del tiempo a través de sus procesos dinámicos y son estos los que configuran su identidad. Si bien esta construcción está determinada por una parte en los procesos de adaptación de una cultura con el entorno físico natural o construido; su real importancia se genera en que esta elaboración es la que determina la concepción que cada cultura tiene de su paisaje.

 

Javier Maderuelo se refiere a este tema diciendo que “el paisaje es un constructo, una elaboración mental que los hombres realizamos a través de los fenómenos de la cultura. El paisaje entendido como fenómeno cultural, es una convención que varía de una cultura a otra esto nos obliga a hacer el esfuerzo de imaginar cómo es percibido el mundo en otras culturas, en otras épocas y en otros medios sociales diferentes del nuestro” (3).

 

Por su parte John B Jackson afirma que “el paisaje está diseñado con formas inteligibles que responden a diferentes características: habitar, cultivar, cosechar, disfrutar y conservar de manera sostenible para la economía y la ecología” (4). De esta manera se introduce la dimensión cultural al paisaje afirmando que no podría entenderse desvinculándolo de la gente y el entorno, sino que se crea a partir de las estructuras y las relaciones que el hombre construye para saciar sus necesidades.

 

Desde esta perspectiva no habría una única forma de ver el paisaje ni una cultura que tenga una idea más precisa que otra, sino que hay diferentes visiones las cuales son definidas por la cultura, creencias y tradiciones de cada una estas.

 

Así como se puede analizar desde la dimensión cultural, también hay otros elementos que influyen en la concepción de paisaje y tienen que ver con la contemplación y la estética. Según Martin de la Soudiere “El paisaje es el aspecto de los lugares, es el vistazo, es una distancia que se adopta con respecto a la visión cotidiana del espacio. Para los agricultores, el entorno donde realizan sus labores raramente seria paisaje debido a que el trabajo agrícola sería incompatible con la disponibilidad de tiempo y espíritu” (5).

 

En esta misma línea Javier Maderuelo afirma “el término paisaje es casi siempre inadecuado para ellos. ( ... )El registro estético parece estar fagocitado por el utilitarismo, lo bello definido por lo útil.” Esto no significaría que el campesino no tenga una noción de paisaje, sino que este es entendido en términos de su utilidad, en donde no está desprovisto de toda relación con su “país” (6) y que no sienta ningún vínculo por su tierra, sino que este vínculo es más simbólico. La dimensión estética del paisaje se genera a partir de la contemplación, en donde es necesario una distancia de la mirada ordinaria o cotidiana, que permita su percepción y deleite.

 

Adicionalmente los paisajes también tienen olores, sonidos, despiertan sentimientos, proyectan sueños y frustraciones. Desde esta mirada los paisajes además de verse, también se pueden oír, oler, saborear, palpar, en definitiva, se pueden sentir. La intangibilidad del paisaje se conoce por medio de la cultura, principalmente por las costumbres de quienes los habitan, ya que la construcción de estas, generan necesariamente una percepción del territorio alterando el paisaje comprendido a su antojo de alguna manera, debido a que se entiende lo que se percibe. Bajo esta mirada el paisaje entendido desde la percepción, no puede ser tangible debido a que se arma en el imaginario de cada ser. Joan Nogué señala que “el paisaje es al mismo tiempo una realidad física y la representación que hacemos culturalmente de ello, la externa y aspecto visible de una cierta porción de la tierra, la percepción individual y social que genera, un tangible geográfico y su interpretación intangible”(7).

 

Aunque el paisaje es un concepto difícil de precisar podríamos concluir que está vinculado a un lugar y personalizado por la actuación humana. Al hablar de paisaje nos referimos a una porción de la superficie terrestre que ha sido modelada, percibida e interiorizada a lo largo del tiempo por un grupo de personas que habita en un determinado lugar. Está lleno de símbolos y representaciones que encarnan la experiencia y las aspiraciones de la gente; acciones que se convierten en manifestaciones culturales, así como símbolos que expresan pensamientos e ideas. El paisaje no simplemente nos presenta el mundo tal cual es, sino que se trata de una construcción de este, una forma de verlo y habitarlo.

 

 

 

 

1,2 Sauer, C. La morfología del Paisaje. “The Morphology of Landscape”. University of California Publications in Geography. Vol. 2, No. 2, Pg 19-53. Traducción de Guillermo Castro H. 1925).

 

3 Maderuelo, Javier. El paisaje génesis de un concepto. Los nombres de lugar. Adaba editores,  2005, pg. 17

4,5 Taller. Paisajes culturales: Comprensión, protección y gestión 2010. Pg 2

 

6 13 Maderuelo Javier, El paisaje génesis de un concepto. Los nombres de los lugares, Abada editores 2005 pg 25

 

7 Rosa Barba, Arquitecto del paisaje, notas incluidas en el libro Works and essays, Paisajismo (Barcelona,Asflor ediciones, 2010)

 

Texto: Carlos Lince ©  

 

 

 

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