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PAISAJES RESIDUALES vs OASIS VERDES EN BOGOTÁ | Colombia

Al recorrer las principales vías de Bogotá podemos observar una gran cantidad de paisajes residuales, resultantes del desordenado crecimiento de la ciudad y las múltiples intervenciones arquitectónicas y urbanísticas efectuadas en las últimas décadas. Factores como el empobrecimiento social, la depresión de zonas residenciales, la inseguridad, la especulación inmobiliaria y los procesos de renovación urbana, han hecho estos espacios cada vez más comunes.


Uno de los proyectos que más ha aportado en la generación de estos espacios, es el sistema de transporte masivo Transmilenio, con la adaptación de las principales troncales para la circulación de los articulados. Si bien su implementación ha mejorado la movilidad y recuperado sectores de la ciudad, en la mayoría de los casos no se contempló la estrecha relación que hay entre la calidad del paisaje urbano con el espacio público de forma integral, fragmentando el tejido social y urbanístico, generándose así una constante pérdida de identidad y sentido de pertenencia por parte de los ciudadanos.

 

 

fuente: Periódico El Tiempo


Con cada intervención del sistema aparecen nuevas culatas y áreas remanentes producto de las demoliciones, así como inmuebles sub-utilizados y zonas oscuras bajo los puentes, convirtiéndose en focos de inseguridad y deterioro, debido a la falta de estrategias por parte del distrito para hacerse cargo. Las culatas y áreas de remanentes producen la refracción del sol y amplificación del sonido, contribuyendo a aumentar la temperatura del ambiente y contaminación auditiva. 

 

 La Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que una población idealmente debería tener en promedio 10 m2 de zonas verdes efectiva por habitante. Si analizamos estos estándares en nuestra ciudad, podemos darnos cuenta fácilmente que no se cumplen con tan solo 3,8 m2 por habitante, lo que pone en evidencia su gran déficit. 


Esta condición se multiplica rápidamente por la capital, haciendo necesaria la búsqueda de soluciones no solamente para la inseguridad y el deterioro, sino también para mitigar las problemáticas ambientales que se generan, así como disminuir el déficit de áreas verdes.

 


De esta manera surgen interrogantes como: ¿Qué hacer con los paisajes residuales?, ¿Cómo aprovechar las problemática urbanísticas de manera que impacten positivamente en la calidad de vida de los habitantes?


Así como crecen aceleradamente las ciudades y se reducen los espacios libres, también han empezado a surgir una serie de iniciativas por parte de los habitantes de múltiples ciudades en el mundo, para contrarrestar los efectos negativos que estas generan. Alternativas como la construcción de parques de bolsillo, la adaptación de espacios para huertos urbanos y la implementación de muros verdes entre otras, son cada vez con más frecuentes. 

 

Los parques de bolsillo son pequeñas áreas verdes que buscan dotar de espacios públicos a las ciudades más densas. Por lo  general se encuentran localizados en lotes baldíos, pequeños espacios abandonados o mal aprovechados, transformándolos en parques comunitarios en los que se desarrollan actividades cívicas, culturales y sociales, que fomentan la convivencia vecinal y mejoran la imagen urbana.

 

 

 

Por su parte los huertos urbanos son espacios adaptados dentro de las grandes urbes para la siembra de verduras, hortalizas, leguminosas, tubérculos, plantas medicinales y flores, en recipientes o en tierra. Se trata de una actividad recreativa gratuita, que conecta a los ciudadanos con la naturaleza, promoviendo la participamos comunitaria y contribuyendo a recuperar áreas degradadas.


En tercera lugar los muros verdes son estructuras cubiertas con plantas de diversas especies, colocadas sobre una superficie que dan la apariencia de un jardín pero en vertical. Dentro de sus principales beneficios se encuentran el reducir la temperatura interior de las edificaciones en verano, mantener la temperatura en invierno, atrapar el polvo y el esmog, aislar el ruido, proveer oxígeno, filtrar los gases nocivos, procesar metales pesados y embellecer el entorno.

 

Si analizamos las tres alternativas expuestas anteriormente podemos darnos cuenta que tienen como denominador común el ser proyectos que buscan dotar de áreas verdes a las ciudades, promover la participación ciudadana, desarrollan actividades cívicas, culturales y sociales, así como embellecer la ciudad y recuperar zonas degradas. Estas opciones podrían ser aplicadas en las culatas, inmuebles sub-utilizados y puentes, transformar los paisajes residuales en lugares más a menos que contribuyan a disminuir el déficit de áreas verdes, las problemáticas ambientales y embellecer la ciudad, como pequeños oasis urbanos.

 

Texto: Carlos Lince ©

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