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OTOÑO EN EL CERRO EL ROBLE | Chile

Tan solo a una horas de la ciudad Santiago, compartiendo límites entre la región Metropolitana y de Valparaíso, se localizado el imponente cerro El Roble. La concurrida montaña con 2.222 msnm en su punto máximo, es la cuarta cumbre más alta de la Cordillera de la Costa, recibiendo su nombre por bosque de roble que se extiende a lo largo de su territorio. 

 

 

El cerro es el primer punto geográfico al norte de Chile donde habita el roble de Santiago o Blanco (nothophagus macrocarpa). Esta especie es endémica de Chile y su estado de conservación es vulnerable. Alcanza una altura de hasta 25 metros, su tronco es delgado, la corteza grisácea y las hojas caducifolias, con tonos que varían desde los verdes en primavera, hasta intensos rojos en época de otoño. Se localizan principalmente en montañas y sectores rocosos con sombra, en laderas con orientación sur. 

 

 
Dependiendo el grado de dificultad y tiempo disponible, existen varias rutas para  llegar hasta la cumbre del cerro, con opciones que van desdés unas pocas horas de recorrido, hasta los dos días por la ruta quebrada de Alvarado.  

 

 

La mayoría de las personas optan por el trayecto de cuatro horas que parte desde la pequeña aldea de Caleu localizada a los pies del Cerro, por tratarse de un sendero de baja dificultad, pendiente constante y amplias dimensiones, que fue construido tiempo atrás para llegar al antiguo observatorio de la Universidad de Chile, localizado en la cumbre de este lugar.

 

 

El acenso depara una agradable excursión, entre bosques y arroyuelos, cruzando por minas abandonadas, antiguos lavaderos de oro y reductos arqueológicos. A poco metros de iniciar el recorrido los imponentes robles  con sus color rojizos ya empiezan a hacerse notar; el aire puro, las diversas tonalidades, el clima y el sonido de las aves enmarcan el camino. A medida que se asciende, el bosque se vuelve más tupido y se abren algunos espacios entre los árboles, como pequeñas ventanas que enmarcan el paisaje. 

 

 

Luego de una hora de recorrido desde al fondo de una curva que hace las veces de mirador, se puede observar un juego de planos cercanos y lejanos, con diversas tonalidades de azul, que debelan las cumbres de los cerros circundantes, lugar en el que vale la pena permanecer por unos minutos a contemplar su belleza.  Casi llegando a la parte más alta, se divisa un pequeño monte, llamado "Imán", en el que se puede apreciar la diferencia entre la frondosa vegetación  que crece en la ladera oriental, comparada con la de la occidental.

 

 

Finalmente después de caminar aproximadamente cuatro horas se llega a la cima del cerro para contemplar el maravilloso paisaje, que merece totalmente el esfuerzo realizado. Desde este lugar se logra comprender la geografía del territorio, llegando a identificar el Cerro La Campana al norte, el cerro El Plomo, el Juncal y el Monte Aconcagua hacia el oriente, además de los valles  que reciben el mismo nombre, así como el Til Til y Olmúe. 

 

 

Si el clima lo permite y el cielo esta despejado, se llega a observar en la lejanía el océano Pacifico, hacia el occidente, obteniendo así una vista transversal desde la Cordillera de Los Andes, con sus imponentes cumbres, hasta las extensas aguas del Pacífico, que ponen en evidencia lo largo pero angosto que es este país.

 

 

Texto e imágenes: Carlos Lince ©

 

 

 

 

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