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EL PAISAJE CAFETERO | Colombia

Colombia es reconocida mundialmente por producir un café de excelente calidad, el cual es consumido diariamente por millones de personas alrededor del mundo. Tan solo una pequeña parte de esta población, tiene conocimiento del universo que gira alrededor de esa taza de café que están bebiendo y la riqueza de la zona de donde proviene. No se trata simplemente de una actividad productiva, sino de una forma de vida que tiene como base el cultivo de café y que ha llegado a permear hasta lo más profundo de sus habitantes y del territorio.

 

El café más representativo del país es cultivado en la región reconocida como “el eje cafetero”, localizado al centro occidente del país, entre las estribaciones de las cordilleras Occidental y Central. Comprende un área de 346.120 hectáreas de la que hacen parte 47 municipios distribuidos entre las regiones de Valle del Cauca, Quindío, Risaralda y Caldas.

 

 

Dentro de las características principales de la caficultura de esta región se destaca el hecho de estar sembrado a una altura entre los 1000 y 1800 m.sn.m, en pendientes que superan el 50%, en donde la mayoría de unidades productivas son minifundios, en los cuales las mismas familias que los habitan se encargan de recolectar a mano, despulpar, fermentar, lavar y secar el café al sol, potenciando y preservando su calidad.

 

 

 

Cada minifundio o unidad productiva, es un pequeño mundo que varía en tamaño y estructura interna, de acuerdo a las necesidades de cada propietario. Dentro de estas se encuentran elementos como viviendas, espacios para el procesamiento y almacenamiento del café, corrales para los animales, jardines, cultivos para el autoconsumo o venta, así como pastizales, fragmentos de bosques y cuerpos de agua, que al sumarse le dan vida este paisaje.

 

 

A pesar que el café es el cultivo emblemático de la región, nos encontramos con un territorio diverso, en el que tienen lugar multiplicidad de lógicas de transformación y temporalidades, las cuales le dan vida a una especie de mosaico, cargado con configuraciones eco-sistémicas y socioculturales, en el que se desarrollan diversas actividades productivas.

 

Se trata de un paisaje vivo en constante transformación, producto del trabajo combinado del ser humano y la naturaleza a lo largo del tiempo, al que sus habitantes se han encargado de moldear, en la búsqueda por adaptarse a una variedad de microambientes en un territorio agreste y aislado, llegando a configurar un paisaje en el que se entreteje naturaleza, cultura y sociedad,  del que hacen parte manifestaciones materiales, tales como el trazado de las plantaciones, el urbanismo y la arquitectura e inmateriales como la gastronomía, la música y las leyendas.

 

 

 

Muchos de los pueblos de la región, se localizan en la parte alta de las montañas, lo cual obliga a los trazados urbanos a desplegarse a lo largo de las laderas de las montañas, utilizando el modelo formal de damero o cuadrícula, en donde a partir de la plaza central se va configurando la retícula hasta donde la topografía lo permita.

 

 Por su parte la arquitectura se puede clasificar en dos grandes grupos: la arquitectura urbana y la arquitectura rural. La arquitectura urbana surgió como respuesta a las condiciones topográficas y al trazado en damero, mientras que la arquitectura rural ha adoptado mayormente la tipología del pabellón. En la arquitectura urbana la tipología dominante es la de patio central y de 1 o dos pisos, en las que este espacio se convierte en el elemento organizador. Los patios tienen una naturaleza ambigua, puesto que son al mismo tiempo un interior y un exterior. La mayoría de las viviendas de dos pisos tienen balcones y sobre ellos cuelgan elementos decorativos.

 

 

En la vivienda rural la separación entre actividades domésticas y actividades productivas es difusa y es muy frecuente que se mezclen. Aquí es posible encontrar tres grandes grupos: La arquitectura doméstica que son las casas propiamente como tal, la arquitectura agro-industrial que son edificios destinados a la cosecha y procesamiento del café, y la arquitectura que reúne bajo un mismo techo el uso doméstico y el productivo a la que se denomina casaelda o casa helba.

 

 

En la arquitectura doméstica rural también se ha utilizado la tipología de la casa-patio, sin embargo es más frecuente el uso de la tipología de pabellón. Aquí el elemento espacial dominante es el corredor exterior perimetral que media entre la casa y el paisaje, entre el interior y el exterior. En muchas casas este corredor perimetral cumple las veces de un salón y es allí donde se desarrolla buena parte de la vida social de sus habitantes.

 

 

La estética es parte fundamental de estas edificaciones, razón por la cual se usa gran cantidad de elementos ornamentales que representan elementos de la naturaleza como estrellas, tréboles, flores, etc. Son pintadas con colores fuertes que reflejan las tonalidades del paisaje circundante, desde el verde limón, el amarillo naranja, el azul cielo, el rojo cereza hasta el rojo grano de café maduro.

 

 

Además de su gran valor cultural y económico, el paisaje cafetero del centro occidente colombiano, también contiene notables valores naturales y estéticos, llegando a ser considerado como una pieza paisajística destacada a nivel mundial, en el que se encuentran desde valles y laderas de pendiente baja o pronunciada, hasta glaciares y volcanes. La diversidad de tonalidades de verde, se mezclan con los colores tierra de los cultivos, las edificaciones, el azul del cielo y la neblina ocasional, para crear una atmosfera especial en la que se dibuja y desdibuja el paisaje, aportando una gran riqueza visual que fascina tanto a propios como a visitantes.

 

Texto e imágenes: Carlos Lince ©

 

 

 

 

 

 

 

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