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    OBSERVATORIO PACHACAMAC - Propuesta para el concurso Parque Pachacamac en Lima | Perú




    La propuesta de la oficina de diseño El Taller De Arquitectos, de Medellín, Colombia obtuvo el tercer lugar en el concurso internacional para el nuevo parque Pachacamac en la ciudad de Lima, Perú, auspiciado por el Ministerio de Cultura de Perú, la Alcaldía de Lima, el Proyecto Especial Bicentenario, el Museo de Sitio y el Grupo Centenario, donde se presentaron 116 propuestas de todo el mundo.


    Partida del proyecto


    La propuesta entiende el Santuario de Pachacamac como un complejo cuya localización geográfica, lejos de ser fortuita, fue determinante para la conformación del conjunto como centro religioso y de peregrinación, en donde la relación con el contexto, en especial el geomorfológico, es crucial para el desarrollo de su función mística y ritual. La relación visual de dominio sobre la geografía (la costa, el mar, las islas, el desierto) y el aprovechamiento de los recursos naturales para pesca y cultivo (márgenes del río Lurín, laguna Urpi Wachag, canales de riego para tierras agrícolas), son también parte esencial del santuario y a su vez complemento de los espacios establecidos por el complejo arqueológico, como las ruinas dispersas, los templos y los diferentes caminos que los recorren.


    La propuesta para el parque de Pachacamac mantiene y reestablece esa relación histórica con su contexto bajo el concepto de Observatorio, no solo con el paisaje natural sino también con el paisaje urbano de la época actual, además busca potenciar las relaciones con el contexto lejano. El proyecto propone recuperar el espacio natural y complementar el espacio cultural ya establecido.


    Se asume la franja destinada para el parque como un lugar donde diferentes contextos se encuentran en tensión, una zona de transición entre todos estos, una suerte de ecotono [1] sin un borde definido.


    Este nuevo espacio está conformado principalmente por un sendero peatonal que emula el recorrido de peregrinación hacia los espacios ceremoniales, adaptándose a los cambios de pendiente del terreno y estableciendo lugares de observación. De dicho sendero peatonal se parte para definir que: hacía el interior se tenga una relación visual y de contemplación, por medio de ensanchamientos que conforman estancias de permanencia y/o miradores; y hacía el exterior, una relación ambiental de zonas de jardín que se conectan con los potenciales corredores ecológicos y zonas verdes de la ciudad, aportando a su vez a la sostenibilidad ambiental del parque. A lo largo de éste se proponen una serie de equipamientos y plazas que complementan los servicios culturales existentes, además de espacios particulares que recuperan la estética y funcionalidad de los oasis del desierto.



    Servicios propuestos


    El proyecto está dividido en seis tramos, de vocaciones particulares, que responden tanto a las solicitudes particulares del concurso, como al contexto inmediato de cada uno de ellos: 1. Cultural metropolitano, 2. Ambiental, 3. Cultural barrial, 4. Lúdico, 5. Patrimonial, y 6. Efímero. En los cinco primeros se proponen diversos tipos de equipamientos que complementan los existentes en la ciudad.


    Estrategias paisajísticas


    El desierto como ecosistema, es un organismo dinámico que se encuentra en constante cambio y adaptación, donde la relación entre los individuos y los recursos es estricta. De ahí que se disponga una vegetación que se cuela desde afuera entre la roca a modo de bosques de sombra y jardines.


    Aprovechando la particular condición climática en la que está inmersa Lima, se proponen también algunas infraestructuras de paisaje como los atrapanieblas, recurso pasivo de recolección, reciclaje y conducción de agua que permitirá nutrir los huertos urbanos propuestos con el fin de recuperar el paisaje productivo (agrícola) dentro del espacio público de la ciudad y mantener las fuentes hídricas existentes (Márgenes del río Lurín y laguna Urpi Wachag), además de comenzar a formar parte de experiencias fenomenológicas (estructuras efímeras) en el lugar y convertirse también en elementos de ocio y disfrute (oasis construidos).


    Las estrategias apuntan a la generación de sombra durante los recorridos, de bienestar en las estancias, a la recuperación del paisaje natural, a la integración con el paisaje urbano (social) y a mantener las relaciones con el paisaje lejano, aquel valor estético que define Jorge Eduardo Eielson, intrínseco e identitario asociado específicamente al desierto peruano, como el paisaje infinito.



    Estrategias urbanas


    Entendiendo el parque como un ecotono, las estrategias urbanas buscan integrar la trama urbana y las actividades prexistentes al funcionamiento y el programa de la franja del parque, respondiendo al contexto urbano inmediato con el que tienen contacto (canchas, equipamientos recreativos, equipamientos culturales y educativos, etc.), integrándolos por medio de los sistemas que componen la propuesta: senderos, bosques de sombra, jardines y pabellones, mejorando así las condiciones de vida de los habitantes vecinos. Este sistema natural va amarrando los demás sistemas urbanos formando así esa transición entre la ciudad y el Santuario.


    La red de senderos peatonales se incorpora al proyecto de la recuperación de la red de caminos prehispánicos Qhapaq Ñan del Ministerio de Cultura, permitiendo recorrer la totalidad del parque, e incluso se conectan con otros espacios relevantes, como por ejemplo con laguna Urpi Wachag.


    Junto a esto se dispone una sección vial perimetral y funcional a modo de borde, evitando así que el crecimiento de la ciudad continúe invadiendo el área arqueológica del parque, dándole prioridad a los modos de transporte no motorizados, pero con espacio para una vía de servicio de bajo impacto que pueda albergar sistemas de transporte que abastezcan a la población que allí reside y la creación de un recorrido turístico de buses. Dicha vía acompañada por un circuito de ciclorruta que recorre todo el borde del parque que se conecta con las principales vías de la ciudad.


    También, desde lo funcional, se propone una mayor densificación en algunas de las manzanas que colindan con el parque, que fortalece aquel borde del crecimiento de la ciudad. Como complemento a esta densificación se plantean huertos urbanos que permitan generar recursos y crear comunidad entre los habitantes, lo cual se traducirá en sentido de pertenencia y vida colectiva, logrando una mayor apropiación social del proyecto.



    Estrategias arquitectónicas


    A partir de la reinterpretación de la tradición arquitectónica, se piensan los diferentes elementos arquitectónicos que componen el proyecto, se procuró entender las estrategias proyectuales y las lógicas de construcción del paisaje de las culturas prehispánicas. Se retoman La Plataforma y El Recinto que se traducen en miradores y patios programados dentro del recorrido del parque, buscando también que la arquitectura esté en consonancia con el contexto. Una arquitectura que transforme la sección del recorrido, que se traduzca a concreto y piedra, a partir de una relación con la tierra, una mímesis de la arquitectura y el contexto mientras que las infraestructuras de paisaje se convierten en hitos, marcadores en el conjunto. Con esto, la propuesta evita en gran medida impactar el subsuelo en procura de conservar las posibles evidencias arqueológicas que puedan aparecer en el parque.


    Se propone un fortalecido recorrido turístico, por medio de un itinerario fluido que unifica los diferentes equipamientos culturales prexistentes, las valiosas ruinas y templos prehispánicos y los nuevos espacios arquitectónicos que ofrecerá el parque Observatorio Pachacamac.



    Equipo: Arq. Juan Sebastián Restrepo Aguirre, Arq. Ana María Estrada Gil, Arq. Alejandro López Aristizabal, Arq. Natalia Ospina De Los Ríos, Arq. Hugo Arley Restrepo Úsuga, Arq. Juliana Giraldo Hincapié, Arq. Juan Pablo Gómez Ibarbo, Biólogo Lucas Ramírez Calle, Ing. Forestal Carlos Darío Restrepo Aguirre


    Notas

    [1] Término paisajístico que se refiere al espacio donde confluyen dos o más comunidades ecológicas, en el que pueden convivir especies de fauna y flora propias de ambas comunidades, pero donde también se pueden encontrar organismos particulares.