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    LA VICUÑA, UNA ESPECIE QUE SE SALVO DE LA EXTINCIÓN



    Uno de los mayores riesgos que atraviesan las especies silvestres que adquieren un valor económico, es pasar de ser apreciadas por su belleza y valor ambiental, a convertirse en un objeto o mercancía con la que se negocia, olvidándose en muchos casos que son seres vivos.


    Tal es el caso de la Vicuña, un hermoso animal salvaje del altiplano sudamericano, perseguido por poseer la fibra animal más fina del mundo. En el altiplano andino habitan cuatro especies de camélidos, de los cuales la vicuña es la más pequeña y la única, junto con el guanaco, que continua en estado salvaje. Vive en elevadas altitudes, siempre por encima de los tres mil quinientos metros sobre el nivel del mar, de la zona andina de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Perú.


    Las fibras suaves que recubren su cuerpo, son las más apetecidas y caras del mercado, lo que tiempo atrás las puso en peligro de extinción.


    En la antigüedad su pelaje vestía a importantes personajes, pero hoy en día es común observarlo en costosas tiendas alrededor del mundo. En el mercado internacional un chal de Vicuña puede llegar a costar alrededor de los US $2.000, mientras que un kilo de su fibra más de US $500, convirtiéndola en una prenda de lujo.


    En la época prehispánica la población de Vicuñas ascendía a los 3 millones de ejemplares, pero tras la introducción de las armas de fuego por parte de los conquistadores y cientos de años de matanzas indiscriminadas hacia las Vicuñas para la exportación de sus pieles a Europa, la población de Vicuñas llegó a un punto crítico a mediados del siglo pasado, disminuyendo el número a tan solo 10.000 ejemplares en todo el altiplano andino, lo que las puso en peligro de extinción.


    En 1969 se inició un convenio de conservación entre los gobiernos de Perú, Bolivia, Argentina y Chile, para proteger a la Vicuña. Desde ese momento, ha habido una importante recuperación y se estima que hoy en día su población asciende a los 347.273 ejemplares.


    Actualmente la vicuña se encuentra clasificada como una especie de bajo riesgo, debido a que esta protegida. Parte del éxito en la recuperación del número de ejemplares, no solo se debe a los convenios firmados por parte de los organismos internacionales, sino también a las técnicas ancestrales con que son extraídas sus fibras de manera sostenible y sin matarlas.


    En la actualidad son utilizadas las técnicas prehispánicas denominadas chaccu o chaku (en quechua), adaptándolas a la ciencia moderna para la extracción de sus fibras.


    La técnica consiste en que un numeroso grupo de personas rodea a la Vicuña con una soga marcada con cintas de colores, llevándola hasta el corral, donde es esquilada. Adicionalmente se les sacan muestras de sangre, se examina e identifica con un collar, para posteriormente ser liberada. Esta última parte se hace con el objetivo de asegurarse que el animal sufra el menor estrés posible durante el proceso y también para ser estudiado desde el punto de vista ecológico y biológico.


    De esta manera las prácticas ancestrales realizadas por las comunidades locales de manera responsable, no solo han contribuido a conservación de la vicuña, sino también beneficios económicos, demostrando que los seres humanos pueden beneficiarse de su entorno sin necesidad de arrasar con él.



    Texto e imágenes: Carlos Lince ©